miércoles, 23 de mayo de 2007

El halcon del rey Sindabad


Pero entonces, súbitamente, se abrió la pared de la cocina, y por allí se filtro en la cocina una joven de esbelto talle, mejillas redondas y tersas, párpados pintados con khol negro, rostro gentil y cuerpo graciosamente inclinado. Llevaba en la cabeza un velo de seda azul, pendientes en las orejas, brazaletes en las muñecas, y en los dedos sortijas con piedras preciosas. Tenía en la mano una varita de bambú. Se acercó, y metiendo la varita en la sartén, dijo: "¡Oh peces! ¿seguís sosteniendo vuestra promesa?" Al ver aquello la esclava (cocinera) se desmayó y la joven repitió su pregunta por segunda y tercera vez. Entonces todos los peces levantaron la cabeza desde el fondo de la sartén, y dijeron; "¡Oh sí!...¡Oh sí!...

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