jueves, 7 de febrero de 2008

LOS GUADOS / CUENTO DE SERGIO FONG

LOS GUADOS

Para Salvador Rodríguez y sus alucinaciones guadalupanas

La desolación reposa bajo la hipotenusa de la sombra. Arranada, en cuclillas sostiene el paredón en sus espaldas. Sus ojos inyectados de rabia seca recorren el mural hiperbólico del varrio, con su tufo amarillo gime lastimosa: “Carnal, lo acaban de filerear”. La lleca es un cromo en sepia, un blues acre que se desangra en el empedrado, resolla como perro los ayes de la desgracia. Quebraron al Negro. Doña Esperanza lo recogió de la banqueta, lo envolvió en su rebozo y anegada en lágrimas, se lo encomendó a la reina del cielo. Con el Negro ya se completa un rosario de muertos.
De nada valió pintar en la barda de la esquina la imagen de la Guadalupana “in memory del chueco” –otro carnal, acribillado-. El vato fue el primer mártir del cholismo guadalupano. El angelito que está debajo de la luna negra de la Lupita es él, con su tandito y su tocadiscos. Las ñoras del varrio trajeron un cura para bendecir la placa y desafanar del terreno a la tumbadora; el mural lo convirtieron en un altar, le ofrendaron rosas rojas y le encendieron veladoras para pedirle por tocha la tropa loca. Las jefitas son como la virgencita o al vesre, están tocadas por Dios. Me acuerdo cuando a la jefa del Chueco le sucedió algo muy loco: un día estaba fregando su comal cuando de repente una luz la irradió y su ser incandescente se elevó como veinte centímetros arrojando destellos pirotécnicos. El Chuecuras la sacó de su estupefacción, le gritó bien machín: “¿Qué onda, amá, te comiste mis hongos?”. Su drema descendió del alucín muy serena, y con un chingo de dulzura le mostró el halo de la Virgen marcado en la lámina por la flama del fogón. El Chueco se deschavetó gacho, con el dope de que esa señal era un milagro, se rayó la imagen en el pecho, luego se plaqueó otro compa, después yo y al chico rato everypeople, todo el bandoleón traíamos a la Virgen de Guadalupe bordada en la piel estilo Juan Diego. Ya prendidos en la saiquez enmendamos la viada del insurrecto y excomulgado cura Hidalgo y forjamos en papel estraza el Partido Guadalupano Mexicano: cien por ciento anarquista, antigobierno y contra los esbirros de la iglesia y sus comerciantes secuaces.
Promulgamos la libertad de aparición y exigimos como pueblo mexicano los derechos de autoría, pero nadie nos peló, todavía andamos dos tres iluminados haciendo panchos. Ahora la colonia se llama la Neo-guadalupana y a la banda nos dicen los Guados, pero de nada sirve, siguen cayendo monos en la trinchera.
Por cualquier ajere vale madre. Dicen que al Negro lo van a velar de cuerpo presente en el altar callejero a petición de las doñas del varrio. A ver si ahora sí con sus bendiciones mandan a la bailadora lejos del terruño. Al mural le van a agregar otro angelito, como lo hace la raza cada que cae un vato loco en servicio activo. Un homi ya empezó a remarcar, bajo la resolana de la desdicha, unos versos que palpitan bajo la imagen de la virgen morena y retumban como una punzada en la sesera de todo el arrabal: “Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea; pues todo un Dios se fijó en tan grandiosa belleza. Él te nombró celestial princesa, mujer sagrada. María, yo te ofrezco en este día alma, vida y corazón, (mírame) tenme compasión, no me dejes madre mía”.

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