lunes, 17 de marzo de 2008

ENTREVISTA A JUAN GOYTISOLO

Las entrañas de la madre patria
Desde Marraquesh, en una entrevista exclusiva para Zona, el novelista español habla de la actual relación de España con la Argentina: es una madre patria sin entrañas. También analiza la ola de racismo europeo que en España se manifiesta contra magrebíes y latinoamericanos.

ALICIA VILLOLDO BOTANA


ESCRITOR DE DOS MUNDOS. Juan Goytisolo: una voz contra la xenofobia.
MAS INFORMACION

La obra, de la Ceca a la Meca

Dramas y espejos de un malentendido nacionalismo


Novelista y ensayista, el español Juan Goytisolo, uno de los intelectuales más originales y rigurosos de Europa, desde su casa en Marruecos describió para Zona los efectos devastadores de la globalización y criticó el racismo que reconoce en la arrogancia de los españoles. La entrevista fue realizada por teléfono entre Buenos Aires y la incomparable Marraquesh, donde Goytisolo encontró su verdadero hogar. Allí, en su elegante y austera casa en la medina del quartier Kennaria, donde dos vigorosos naranjos presiden el patio, el escritor encuentra la paz necesaria para escribir sus libros, a mano, y con letra pequeña. Quienes estuvieron allí no olvidarán el silencio ni la vitalidad y alegría de los niños que la habitan: mis herederos universales, dice el escritor.
—La Argentina acaba de festejar que hace 191 años se inició la construcción de un país independiente de España. Dos siglos después está inmersa en una globalización en la que parece haberle tocado la cola del ratón. ¿Como intelectual, cómo observa el proceso argentino?
—Aunque tengo por norma hablar de lo mucho que sé y nada de lo que poco que sé, y mi conocimiento de la realidad en América latina, y concretamente en el Cono Sur, es el de un lector de periódicos, sólo puedo establecer comparaciones con países que conozco bien, como Turquía, que han sufrido dictadura militar, terrorismo, grupos paramilitares, derrumbe económico, devaluaciones, etcétera. Es realmente incomprensible, y ahora hablo de la Argentina, que un país cuya deuda ascendía a unos sesenta mil millones de dólares, según he leído, sea ahora casi el triple después de las privatizaciones. ¿Qué ha ocurrido?... No lo sé. Obviamente, esta globalización, se parece más, no a una aldea global, sino a un casino global, y deja de lado clases enteras, países enteros y continentes enteros, como es el caso de Africa. Es decir que hay que plantearse seriamente a dónde nos conduce.
—¿Cómo es posible que, a pesar de los vínculos tan intensos entre España y la Argentina, sobre los que casi no hace falta hablar ya que la Argentina moderna se fundó sobre una masiva inmigración española, exista una tensión tan grande, provocada en estos días por el conflicto en Aerolíneas Argentinas?.
—Los españoles fueron durante décadas emigrantes; todos los españoles somos hijos, nietos y, como en mi caso, bisnietos de emigrantes. Los españoles, durante el siglo diecinueve, emigraron, sobre todo, a Cuba y a Puerto Rico y, a partir de fines de siglo, igualmente a distintos países de Latinoamérica, en especial a Argentina. Fueron bien recibidos, integrados, se enriquecieron; y durante la guerra civil española, el exiliado español fue muy bien acogido en México, pero no olvidemos que en la Argentina estuvieron personas como Américo Castro, Claudio Sánchez Albornoz y Rafael Alberti, etcétera... Por ello mismo resulta mucho más chocante la actitud arrogante del actual gobierno español que refleja, de algún modo, la de este país que llamo yo de nuevos libres, nuevos ricos y nuevos europeos. Me parece terrible que nieguen o que impongan el visado a los países que supuestamente son hijos de la patria madre, en este caso, una madre sin entrañas. A esto hay que añadir esta atmósfera hostil que se ha creado en España, no sólo con respecto a los que llaman moros sino a los que llaman sudacas. Ahora estamos midiendo y palpando el resultado de esta transición y de estos veinticinco años de democracia en la que no ha habido el menor intento de crear una cultura democrática. Por otro lado, asistimos a un discurso esquizofrénico: se nos dice que España necesita 250.000 inmigrantes al año para mantener el actual estado económico y de prestaciones sociales y, por otro lado, se habla de invasión, de avalancha, de peligro de perder las esencias. Y al discurso puramente racista de algunos políticos —pienso en el alcalde de El Ejido—, ahora se superpone otro, aparentemente laico y democrático, expuesto por el profesor Santori que dice hablar en nombre de los valores de la democracia y que, en razón de estos mismos valores, hay emigraciones que no pueden integrarse y no se integrarán jamás, como, por ejemplo, los pueblos de origen musulmán. ¡Esto es una mentira!, para decirlo de forma clara y completa porque yo he pasado gran parte de mi vida en Francia y allí he visto cómo las nuevas generaciones de argelinos y magrebíes se integran perfectamente en la sociedad francesa, salvo las excepciones normales, y conozco cantidad de muchachos de la nueva generación que, incluso, superan en cultura y educación a los propios franceses.
—La globalización no sólo es económica. José Saramago dice que la Argentina se convirtió en una caverna-shopping. ¿Lo comparte?
—En efecto, la globalización no es sólo económica. A lo que asistimos es a una devastación total del planeta y de sus recursos, que la política de Bush encarna de la manera más brutal, es decir, entregando lo que queda de intacto, incluso en el propio Estados Unidos, en Alaska, sus reservas ecológicas, a las compañías y a las grandes sociedades que le han votado y que le han permitido convertirse en presidente. Si trata así a sus propios conciudadanos, por ejemplo, dispensando de analizar la comida que reparten en las escuelas públicas, para ver si tienen o no legionella, o permiten el aumento del nivel de arsénico en el agua en una proporción cinco veces mayor de la admitida hasta ahora, demuestra que su presunta sensibilidad con respecto a la pobreza en Estados Unidos es una simple fachada. Se trata de una política al servicio de esta devastación planetaria, cuyos resultados veremos dentro de quince, veinte, treinta años.
—La Argentina tuvo períodos tan sombríos como el de los asesinatos políticos en masa— existen aún, oficialmente, más de diez mil desaparecidos, aunque las entidades humanitarias dan treinta mil. Usted conoce muy bien la tragedia de los Balcanes porque junto a otros intelectuales estuvo en Sarajevo. ¿Por qué se realizan estas matanzas?
—El tema de los desaparecidos es algo que yo conozco por experiencia en otros sitios como Bosnia y Argelia, donde fui voluntariamente como corresponsal del periódico El País y para advertir que las llamadas milicias patrióticas y los servicios de seguridad enfrentados a terroristas reales o manipulados llevan una guerra despiadada contra la población civil. No son guerras civiles, son guerras contra los civiles. No tengo estadísticas más recientes de lo que ocurre en América latina, pero sí sé de las matanzas horrorosas de 200.000 indígenas en Guatemala. Estoy convencido de que estas masacres se llevan a cabo, como ocurre en Brasil, para servir a los intereses de las grandes compañías madereras, o como en Argelia para defender los intereses petroleros. Siempre me ha llamado la atención que un gobierno militar en Argelia, que se muestra incapaz de proteger a la población civil, protege, en cambio, eficazmente, los campos de petróleo y el oleoducto que va desde los fondos del Sahara hasta la costa mediterránea. Tenemos la prueba clara, desde la guerra del Golfo, de que el precio de la vida humana no es comparable al de un barril de petróleo.
— En otro terreno, ¿cómo ve la marcha de las relaciones culturales entre España y la Argentina?
—Las relaciones culturales entre España y la Argentina me parecen muy desiguales. La industria editorial española penetra en Argentina e impone unilateralmente no al texto literario sino al producto editorial, y la recepción, en cambio, de lo que se escribe en la Argentina es muy escasa. En la actualidad, en España hay un gran desconocimiento de lo que se escribe en la mayor parte de América latina, a no ser que sea la obra de un pequeño grupo de autores que han entrado dentro de las grandes distribuidoras como son Planeta, Alfaguara, etcétera. Los que no están en esta posición de privilegio no son leídos en España y, desde luego, me parece absolutamente lamentable.
—Muchos jóvenes e incluso adultos se agolpan ante las puertas de los consulados español e italiano en la Argentina para poder volar al que, suponen, un europaraíso. Según una encuesta publicada en el diario español El Mundo, el 87 por ciento de los españoles no quiere más inmigrantes. ¿Qué decir de esto?
—Lo mismo que digo a los marroquíes, con la diferencia de que éstos, cuando no logran el visado, intentan atravesar el Estrecho en pateras y, claro, muchos de ellos mueren en el intento. Este Dorado europeo lo es para algunos pero no lo es para la mayoría. Las condiciones de vida son duras y, a veces, se intensifican por la xenofobia y el racismo que existen en todo el ámbito de la fortaleza europea. Especialmente en las zonas que se sienten más amenazadas por la llegada de inmigrantes, como ocurre con Italia con respecto a los kurdos, turcos, albaneses, indios y paquistaníes, y en España, con respecto a los magrebíes y latinoamericanos.

(none)
© Copyright 1996-2001 Clarín.Com
All rights reserved
 

No hay comentarios.: