«El limitado espacio -una habitación y una buhardilla- no logró encerrar la mente de uno de los hombres filosóficamente más audaces de todos los tiempos: su imaginación le permitió abarcar el casi infinito horizonte de la historia de las naciones desde sus principios a sus disoluciones en sus corsi y recosi. Y sólo ahí, en la reflexión filosófica, como si fuera su lugar más adecuado, consiguió vencer la pobreza, la escasez, el costreñimiento y la precariedad que le acosaron a lo largo de su vida. Predispuestos a consolarnos, él al menos tuvo ese "asilo" en el luco napolitano.»
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