martes, 24 de marzo de 2009

EL ANARCO QUE AMABA A PANDORA

EL ANARCO QUE AMABA A PANDORA

Una Novela Negra de OSCAR URRA

Dice Urra que en su novela próxima visitará descampados, polígonos industriales casi remotos, saldrá al extrarradio. Dice Urra que es obligado que un detective privado se mueva por aquellos espacios donde la ciudad cambia de nombre. Dice que, sin embargo, Cabria vive y seguirá viviendo donde siempre ha vivido; que los vecinos e inspiradores de Cabria son los anarcos que se autocitan en los locales de CNT en Tirso de Molina y en el Mariano; el lumperío que los acompaña anónimamente, y los ancianos, bohemia buen rollito y gente general residente en La Latina.

A timba abierta, la primera novela de Urra es Novela Negra, Novela Negra de detective. O sea, protagonizada por personaje que vive a contracorriente de los tiempos; que acorrala y elimina a mafiosos que sí viven a corriente del tiempo que les ha tocado vivir; que se lleva mal con cualquier policía y que frente a la corrupción que le envuelve define su propia ética de perdedor, en espera de que lleguen tiempos mejores que le den la razón, mientras barre la zona de macarras, asesinos sin escrúpulos en pos del vil metal y se convierte en antihéroe.

La peculiarísima geografía de A timba abierta es reducida: Tirso de Molina, Jesús y María, Dr. Cortezo, Plaza Lavapiés... Dispone de no más de dos kilómetros cuadrados. Y en esta breve cartografía, nos dice Cabria, se concentran personajes de un interés vital superior a los que habitan otras áreas más extensas.

Pasen y vean: en este escenario reducido la intensidad de la acción no la provocan luces, ni vestuario; no hace falta otro despliegue de medios escenográficos más que la solidez de los personajes que por él deambulan y otro elemento poco visto: la solidez y preocupación y brillantez por la materia de la escritura: el lenguaje.

Pase y lean una novela donde la prosodia e inteligencia del lenguaje acompaña y se hace una misma cosa con el interés de la trama. Donde el ritmo de las palabras es el ritmo de la acción. Donde la honestidad de la escritura describe la honestidad de unas creencias. Y en una Novela Negra eso es mucho decir.

Cuando el detective Cabria ha decidido acabar con su vida y sus deudas, un mafioso de medio pelo, el Botines, aparece para proponerle un nuevo caso: encontrar a Pandora, una mujer de la que sólo se sabe que es italiana y que ha sido vista por Tirso de Molina. Los hilos de los que tirar son pocos, y para desentrañar la madeja Cabria debe recurrir a su propio olfato, a camareros cultos, a soplones del barrio. Cabria se enamora de Nadia bajo la mirada atenta de Bakunin y Kropotkin, mientras el policía Meléndez se va hundiendo en su propio fango y las adolescentes de los colegios cercanos distraen como pueden el tedio de los planes de enseñanza.

Mientras y por encima de todos ellos, el discurso del anarquista Alfonso sobre la libertad: “Alguna vez tenía que ser que el fracaso se alzase con la llave y la espada..., bendita individualidad libertaria..., lloverán chuzos como puntas...” se abre y cierra como un abanico y las cabezas de sus compañeros en Tirso de Molina asienten y chapotean aplausos entre el humo denso del salón de actos del segundo piso.
Firmado :APRIVATIVA

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