miércoles, 26 de agosto de 2009

H. MILLER

variantes, es mucho más preciosa, mucho más inquietante, mucho más poética que la “Canción de las Canciones”. Es íntima, personal, cósmica, desemba¬razada... e incesante. Contiene las notas de la alondra, del ruiseñor, del zorzal; contiene el movimiento de los planetas y el traslado casi inaudible de las constelaciones; contiene los sollozos, los gritos, los alaridos y los gemidos de las almas heridas de los mortales como también las risas y la algarabía de los benditos; contiene la seráfica música de los huéspedes angelicales y los gruñidos de los condena¬dos. Además de esta música pandémica, Giono brinda toda la gama de colores, sabores, olores y tactos. Hasta los más inanimados objetos emiten sus misteriosas vibraciones. La filosofía que está detrás de esta producción sinfónica no tiene nombre: su función es liberar, mantener abiertas todas las compuertas del alma, fomentar la conjetura, la aventura y el culto apasionado.
“¡Debes ser lo que eres, pero debes serlo al máximo!” Eso es lo que susurra.

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