viernes, 21 de diciembre de 2007

CAFÉS / CAFÉ GRECO

Café Greco
Roma, Italia
"El favorito de la Ciudad Eterna"

Nació el Café Greco en 1760, fundado por un emigrante griego, convirtiéndose en el favorito de artistas extranjeros que vivían y trabajaban en "La Ciudad Eterna".

Sustituía al Café Turco, más antiguo, que había sido frecuentado por personajes librepensadores de peluca empolvada, como Giacomo Casanova, los castrati y muchos clérigos vividores de la corte pontificia.

Sus espejos fueron testigos de tertulias con el famoso Búfalo Bill y discusiones literarias protagonizadas por Keats o Goethe. En sus veladores de mármol, músicos como Listz, Bizet o Wagner compusieron algunas de sus más destacadas obras.

Ya existía el Café Greco cuando Johannes Joachim Winckelmann, el creador de la Historia del Arte, era asesinado durante la noche por un tal Arcangeli en una posada de Trieste. La primera victoria de este establecimiento sobre la barbarie consistió en permitir que se fumase en su interior. Esto atrajo a visitantes como Johann Wolfgang Goethe, quien durante sus estancias del otoño de 1786 y del verano del año siguiente no dejó de acudir al Greco. El pintor inglés Sir Joshua Reynolds también se acercaba al Greco, para fumar en su larga pipa tabaco turco. Una segunda victoria sobre la vulgaridad aconteció durante las guerras napoleónicas, cuando la escasez hizo que los demás locales ofrecieran a sus clientes sucedáneos infectos hechos con achicoria y castañas. En el Greco se siguió sirviendo café del bueno, aunque, eso sí, disminuyendo la dosis en cada taza. Naciendo así el café expresso.

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